
Donde se gesta lo importante: el apoyo incondicional, puro y silencioso de mi familia.
La gran familia Santana, que muchas veces no se ve, pero que sin ellos este sueño jamás habría sido posible.
Todo comenzó en 2012, cuando decidí cambiar el rumbo de lo esperado y empecé a estudiar Enología en Tarragona. Después de pasar por varios países, aprendiendo y descubriendo el mundo del vino, volvimos a casa. La idea parecía una locura… pero nadie dudó. Estaban ahí, siempre, en el momento que hiciera falta, para seguir caminando este sendero que aún seguimos recorriendo.
No venimos de una familia ligada al vino. Somos la primera generación. Tampoco teníamos grandes recursos. Pero sí teníamos lo más valioso: la unión.
Durante los primeros años —los más duros— estuvieron a mi lado en todo: vendimiando, cocinando, etiquetando… todo hecho a mano, todo con ilusión y muchas ganas.
En 2017 nació Bien de Altura, con un sueño claro: poner en valor Gran Canaria y, especialmente, las zonas altas de San Mateo. Compramos nuestra primera uva a un viticultor del pueblo… y ahí empezó a rodar la historia. Con mucho esfuerzo, con muchísima pasión. Llegaron las primeras buenas noticias: las ventas, las críticas, los reconocimientos… mientras todos seguíamos, como siempre, trabajando.
Ha sido un camino con el tamaño justo. Muchas personas han pasado por aquí: algunas siguen, otras ya no están y otras han llegado para sumar. Y todas, sin excepción, han aportado algo.











